Un soñador que escalaba

La señal telegráfica percibida a través de la cuerda, muda en frívola cualquier comunicación verbal. Hace un rato que no ves al compañero, ha desaparecido tras un desplome pero sabes que está montando la reunión. Eso es fácil, no tiene cuerda, de pronto, recoge medio metro. Ya se ancló. Suena la voz del colega ¡Suelta! Está preparando tu aseguramiento y medio minuto más tarde, en tu cabeza, ya lo ves con el cigarrillo en la boca y comienzas a retirar tu anclaje ¡Sube! Correcto, en tiempo y forma.


Hace ya algún tiempo, cuando empecé a escribir este blog, lo último que se me pasó por la cabeza es qué iba a terminar escribiendo necrológicas: José Angel Lucas, El miembro, etc. y hace un par de días leo que ha fallecido Alfredo Iñiguez "Fredo", uno de los aguerridos, uno de los que se dio el gustazo el año 80 de poner su nombre en el Picu, y me dije: -tienes que escribir otra necrológica- pero no, estoy harto de necrológicas, este buen hombre fue mi maestro en la literatura de montaña, creo que de no haber leído aquella entrada en su web: "cuerdas y alianzas" no habría escrito ni diez renglones.

Todos pensarán que es el cerebro el que manda, yo que no entiendo de biología, tengo claro quien mandaba en Fredo: sus manos, y que me perdonen aquellos que no estén de acuerdo conmigo, pero yo imagino sus manos deslizándose con igual finura por las ásperas calizas de los Picos, que por las alineadas teclas de un ordenador, veo sus dedos bailando al dictado de las armonías que se ocultan en las montañas al común de los mortales, veo en mí la pérdida del maestro.

Solo hace unos días que le he citado en uno de mis trabajos, en el hablo de los Picos de Europa, y que mejor manera de hacerlo que imitando sus textos. Fredo imaginó a la Peña Santa como dama de honor de la Marmolada, y yo soy testigo de que así es, Descansa en paz Alfredo Iñiguez, pero mantente vigilante, los aspirantes a cualquier cosa aún te necesitamos.