El Laberinto

El Laberinto no es un risco, es un conjunto de riscos que forman el Sancta Santorum de la Catedral pedricera. son una serie de muros, porque salvo honrosas excepciones, sus piedras no llegan a la categoría de riscos, y sin embargo aún a pesar de su relativo desconocimiento por parte de escaladores y paseantes, son estas piedras la fragua donde un día se forjó el molde del que habría de salir la escalada actual. Ni que decir tiene, que su nombre es uno de los más acertados del bestiario local. Transitar a través de los once riscos forman el laberinto, puede resultar en ocasiones exasperante, y olvídate de las comodidades, porque si no estás atento puede acabar siendo doliente. 


Es curioso comprobar, como los comportamientos sociales en el entorno global, se trasladan a los micro cosmos cual si se tratara de fractales, que reproducen el modelo a escala infinitesimal, con una semejanza fuera de toda duda. De esta forma el misticismo y el esoterismo de finales de los setenta, se transportan a la escalada y a los escaladores con extrema fidelidad. Guirles y el Calavera, habían roto la delicada membrana del clasicismo, y en las Oseras se presentaron los nuevos modelos. Más tarde en la Peseta, el octavo grado se hizo sitio en la Pedriza de la mano de Carlos Ruiz "Snoopy". Entre medias, el Laberinto. Es el eslabón perdido de la escalada en adherencia.


Desde 1.983, hasta mediados de los noventa, ejercitan allí la meditación y la psicodelia,  los componentes de la generación encargada de dar el salto cuántico a la escalada deportiva, Josechu Jimeno, Juan Aznar, Garrigós, Gabi, Gálvez, el Pérez, Miguel Calvo, el Papila, Pepe García, Rafa Fanega, y algunos que me he dejado en el tintero,  vieron en la dificultad pura y dura el único argumento para calzarse unos pies de gato. Pisar una cumbre, o doblegar un esbelto risco ya no es un objetivo, el circense "más difícil todavía", se hace aquí una realidad, pero alejada de la realidad, porque sus itinerarios son en sí mismo irreales, sus muros son un Minotauro resistente a los Hilos de Ariadna, que hace que incluso hoy, se mire por encima del Hueso con cierto recelo, y con mucho respeto.


Un lugar casi prohibido para paseantes, como se ha podido deducir al principio, dónde enriscarse es más que posible, y un lugar casi prohibido para escaladores, pues a la penuria de su aproximación, hay que añadir sus más que exigentes placas de adherencia. Eso es lo que la Pedriza  nos ofrece, magia, incertidumbre, y pequeños mundos en su interior. A cualquiera que crea que la Pedriza es un paraje de limitadas dimensiones, le recomiendo recorrer el circo, desde el Tolmo al Collado de la desilla, quizás cambie de opinión



El Cancho Amarillo, puerta del Laberinto


El Laberinto, con el Hueso, las Buitreras, y el Cancho Amarillo. 


Como llegar:     Desde Canto Cochino, tomar la autopista hasta el Prao Peluca, al que se accede por el puente sobre el arroyo de la Majadilla, subir hasta la fuente Acuña y tomar la senda a la izquierda hacia el Tolmo. Continuar hacia el Collado de la Desilla, y a pocos metros tomar un pequeño sendero a la izquierda. una vez cruzado el pequeño arroyo de la desilla empieza la pronuciada e incómoda subida hasta el Cancho Amarillo. Una vez allí atravesar hacia nuestra derecha, y ya estamos. Con calma y paciencia, es terreno complicado.




El tren llegó puntual

Ya estamos en Noviembre. Se empieza a notar un cierto frescor por la mañana temprano, sobre todo aquí en Manzanares, pero eso no es malo, es de agradecer después del duro e intenso verano que parecía haberse instalado de por vida. Voy revisando la tarea para hoy mientras camino pausadamente por la explanada de la iglesia…


- Adónde vais compañeros, ¿hace un cafetito? – Que casualidad, Es Junama, elegante como siempre con un forro del Calavera y unos pantalones Trango de color gris
 - ¿No habréis venido en el bus?
- No, tengo ahí el bote, he parado para comprar tabaco y de paso tomar un café. Tiempo sin verte, ya no vienes mucho por aquí.
- Tienes razón, ahora me dejo caer más por Patones, pero de cuando en cuando, venimos a marcarnos unas placas por la Pedra, para mantener vivo el recuerdo, ¿y tú, que hay de tu vida?, ya no se te ve por el barrio.
- Ya no sigo en el barrio.
- debe ser por eso. Sigues escalando por estos pagos por lo que veo.
- Me gusta el olor de las jaras, y además aquí el sol es un compi más, ya sabes, hasta noviembre siempre te acompaña, y el granito liso y pulido te pone en tu sitio, aquí o sabes bailar o te quedas en Julián.


Entramos en un bar de la Plaza del Ayuntamiento, hemos pedido unos cafés y nos sentamos en una mesa, no sé por qué, pero me siento algo incómodo, es como si Juanma hubiera fichado por un club de primera división, le miro y veo a una estrella del fútbol rodeado de parásitos y bellezas de bote.


-¡eh! Despierta tronco, te has quedao a la luna de Valencia
- Perdona estaba pensando, ¿Sabes?, nunca he ido a Patones
- Pues es alucinante, otro mundo. Allí prima la dificultad y la potencia, vías de un largo de cuarenta metros y mucho desplome. Hay que estar en forma para encadenar el largo.
- Sí, supongo que eso estará bien.
- Mira colega, se por dónde vas. Los tiempos han cambiado, antes había que meterse una paliza del copón para hacer una vía en Cocodrilo que te aplastaba el alma, a la vez que te marcaba el cuerpo como un “Vía Crucis”, en sólo sesenta metros de escalada. Hoy puedes hacer diez vías mientras tu novia te saca fotos sentada en una silla plegable, y cuando acabas, coges el buga, que está aparcado a tres minutos de la pared y te vas a tomarla.
- ¿Cómo en Tarradets?
- Sí pero cuatrocientos kilómetros más cerca, y no hay que llevar macuto mientras escalas.
- Ya, pero supongo que eso será como subir las espalderas de un gimnasio, solo que un poco más difícil. Tal y cómo lo explicas, se asemeja más a una sesión de entrenamiento de los bomberos que a una escalada.
- Diversión, esa es la palabra clave, diversión. Riesgo controlado con anclajes en la pared que aguantan la caída de un Mamut, que hacen que puedas volar veinte veces si es necesario, accesibilidad a las tapias y absoluto control sobre la actividad. Reconoce que si hace quince años hubiéramos tenido esto jamás habríamos subido a la Pared de Santillana, son los nuevos tiempos, y se liga más.


Me he quedado pensativo, la verdad es que esgrime buenos argumentos, pero por algún motivo me da un poco de miedo, es posible que sean nuevos tiempos, pero los veo un tanto frios. Yo me apunté a esto precisamente por su lado salvaje, por lo que tiene de incierto, por esas sensaciones a veces amargas, y porque precisamente en lugares como Navajuelos, me siento lejos de la rutina, y por qué no,  caminar al filo de la navaja hace que me sienta vivo.


-Si lo piensas detenidamente, también escalas ¿no?, y mayores dificultades que es lo importa, y te ahorras las insoportables caminatas hasta pie de vía, creo recordar que a ti tampoco te gustaban. En fin,  vamos a lo que hemos venido a hacer: escalar.Vamos al Cancho de los Brezos, Si queréis venir.
- No gracias teníamos pensado subir al Yelmo.
- Ah, nuestro amado Yelmo… Deberías ir a Patones, seguro que no te arrepentirías.
- Algún día lo haré. Me he alegrado de verte.


Salimos del bar camino de los coches de la misma manera que entramos, yo en silencio y Juanma bromeando con sus amigos. La mañana sigue fría y el cielo tiene un marcado color gris plomo, aunque creo que no lloverá. Una vez sentado al volante, Juanma me mira con gesto serio. 


- Por cierto Chema, Joaquinito la ha palmao
- ¿Qué me dices?
- Hace quince días, en el Torreón de la Moneda…. Escala mucho, y cuídate chaval, y no olvides lo que te he dicho.


No he respondido solo le he devuelto la mirada, veo como se aleja su coche en dirección a la carretera, sin hablar, junto a mi amigo Angel que ha permanecido sin meter baza todo este tiempo, pienso en Joaquín, quizás si el hubiera cambiado Contreras Por Patones… definitivamente creo que el tren a partido, y yo no voy dentro.


Jesús Gálvez

Jesús Gálvez Valero, zaragozano de cincuenta y un años, es sin duda uno de los escaladores, que a lo largo de su vida montañera, no ha dejado indiferente a nadie en la familia escaladora. Junto a otras personalidades de su generación, cerró definitivamente la mentalidad clásica de la escalada en roca. A principios de los años ochenta, los freakies de la Pedriza, acabaron con el misticismo montañero, que precursores a ellos como el Mogoteras, Tino, Ángel Tresaco, Rivas,  Mayayo, etc. Habían resquebrajado.


En 1.977, con dos  vías abiertas en libre entre los dos gendarmes de  la placa sur del Yelmo, por Francisco Aguado ” El Calavera”  y Daniel Guirles, que habían marcado el principio del fin de  los estribos y de sus propietarios,  abre con Pascual un nuevo itinerario en libre  junto a la Catedral de las vías en artificial, la “Vikinga”. El resultado es (VI+), la vía más difícil de la Pedriza. Es un producto del progreso, a la vez que es una guía de cómo va a ser el futuro en la escalada, no solo técnicamente, sino mentalmente. En 1.981 junto al "Sevi", termina la ruta en artificial más difícil del país, El Pilar del Cantábrico en el Picu, ruta que no habría de ser liberada hasta el siglo XXI.


Gálvez se convierte así, en el escalador más importante de la Pedriza y me atrevería a decir uno de los cinco mejores del país. La nueva generación de escaladores irrumpe a su sombra en todos los riscos de la Pedriza, con desfachatez y sin liturgia,  y a mediados de los años ochenta, la escalada libre ocupa todo el campo de juego. Pero todo tiene un precio. La extrema dificultad de las vías obliga a los escaladores a equiparlas “desde arriba”, descolgándose, disgregando de ese modo la acción de “equipar”, de la acción de “escalar”. Con Gálvez y demás participantes, nació el “aperturista”.


Es cuando Gálvez cambia de rumbo, e introduce una variable nueva en la ecuación, aunque yo diría que simplemente la recupera del comportamiento clásico. La ética en la escalada. En 1.983 Supera el sétimo grado en Pedriza con la vía “Me cago en Dios” del Hueso, después de un recorrido de éxito mundial a través de los  Alpes, Yosemite y Andes, en lo que promete ser una de las carreras más fulgurantes de la escalada española. Gálvez, conocido como “Galvastrón” se aleja de los postulados que el mismo ayudó a implantar, decantándose por la escalada limpia, o libre auténtico,  es decir por la utilización de pocas o ninguna ayuda artificial, lo que le lleva sin remedio a la marginación.


Durante los años siguientes, hasta 1.989, abre auténticas animaladas, no solo en España, sino en Yosemite o en el Atlas. Sin embargo, el monstruo que devoró a la escalada clásica, es ahora devorado por otro monstruo mas diabólico si cabe: la “escalada Deportiva”, y Jesús, se rebela contra ella, iniciando una lucha de David contra un Goliath, representado por las nuevas generaciones de escaladores. La nueva concepción de la escalada, con numerosas vías cortas, de un solo largo, aseguradas con gran cantidad de expansivos, consigue la mayoría de los apoyos. 


En el año 2.007, publica un manifiesto con el título “La ética del escalador/a  y árbol ético”, que inicia la mayor confrontación de la historia entre los escaladores nacionales. Hoy sigue empeñado en su convicción de que es posible un comportamiento ético en la escalada, lo que le convierte en el personaje más controvertido de la escalada, con una sola diferencia con respecto a finales de los noventa, en 2.009, el número de escaladores y montañeros de acuerdo con sus tesis, ha aumentado considerablemente.













Jesús Gálvez en el Hueso, La Pedriza


Desde mi punto de vista, es un escalador de referencia, a quien nadie podrá discutir siquiera su condición de gran escalador, uno de los más grandes, que sin ninguna duda, se ha ganado  a pulso su silla en el Olimpo de los escaladores.




La Senda de los elefantes. ( de Navacerrada a Pedriza)


Longitud: Muy larga
Duración: pues… entre pitos y flautas, todo el día
Dificultad: ¡uf!, lo mires por dónde lo mires, todas las marchas son chungas.
Tipo: Todo tieso para abajo
Descargas: para bajar los guaypoints PINCHA AQUÍ, con un tenedor o similar. Sí no bajan no sé qué decirte, total para los cuatro puntos guay que hay.
Recomendaciones: Atención en primavera, ¡hay puches!, sí, ¡puches!, como en el Prado de las Pozas en el Circo, en la bajada de Bola durante el deshielo hay puches, son como hamburguesas flotantes de las de “HUMOL AMALILLO”, que se hunden al pisarlas, introduciendo tu pie en un caldo primordial de un color marrón glasé, muy adherente, que te acompañará hasta Manzanares el Real.
Hay cosas en la vida que no se hacen porque sí. Hay cosas en la vida que son de obligado cumplimiento. Hace unos cuantos años, cuando solo tenían coche los ministros, un Dodge Dart, de color negro por cierto, al que los mayores llamaban “Haiga”, el hombre de a pie iba al monte eso, a pie; pero dado que las distancias son un poco largas entre Madrid y la Cordillera, era obligado pillar el autobús en el Paseo de la Florida, o el tren en Chamartín, y es curioso pero, o haces esto mismo en 2.009, o es que eres rico y tienes un “chauffer” que te suelta en Navacerrada y te recoge en Manzanares. Y dicho esto procederé a dar una detallada descripción de la ruta que coronaba al montañero, como rey de la Pedriza. ¡Ah! Una precisión: La marcha es “Navacerrada-Pedriza”, y no “Pedriza-Navacerrada”, aunque algún listillo, que siempre los hay, pudiera pensar que es lo mismo. No machote no, la cosa es muy diferente.


Me explico: en primer lugar, Navacerrada-Pedriza, es cuesta abajo. Bueno si exceptuamos la espeluznante subida que hay desde la estación de Navacerrada hasta La antena esa del repetidor, si has cogido el tren, o un poquito menos escalofriante si has cogido el autobús. Una vez aclarado el primer punto, es necesario destacar que Navacerrada, el puerto de Na-va-ce-rra-da, está plagado de domingueros compulsivos con ropa de diseño, Boy-Scouts, Guardias Civiles, pijos, y despistados sin remedio, que llevan trineo hasta en el mes de agosto. ¿Alguien podría imaginar terminar la marcha en semejante lugar? ¿Tener que tomarse la cervecita en la Venta Arias?, me quitarían el carné de pedricero. Así que es necesario llegar prontito el domingo, o entrada la tarde el sábado, e intentar pasar lo mas desapercibido posible, y sí alguien te pregunta, tú no eres de por aquí, que te han traído engañado.


Descripción de la ruta:
Voy a ahorrarme el sufrimiento de describir la infame subida a Bola. Si hay nieve porque hay nieve, si no hay nieve porque no la hay, así que me fumo la subida y empiezo desde la tele, que parece que cansa menos. Porque es la eterna pregunta, ¿Es necesario hacer esta marcha en concreto? ¿No bastaría con ir al Tolmo y volver a Canto cochino, para que la gente vea que haces marchas? ¿No?, Pues nada. Primero se mira, porque la cumbre de Bola, más que una cumbre parece la estación de Venta de Baños, un importante nudo ferroviario, si metes la gamba puedes aparecer en la Barranca, o en Cotos, lo que sería sin duda peor que acabar en Navacerrada.
Una vez visto el sitio se tira uno en tromba hacia abajo a la búsqueda del Ventisquero, que no es difícil de encontrar si vamos por el camino correcto. Si nos topamos con un río de frente, metidos en un embudo con la Maliciosa a la derecha, vamos bien, y llegaremos al puente de los Triperos, o de los Manchegos, algo así, en la carretera de las zetas, no te alteres pardillo, que no pasan coches. Una vez aquí ya se empieza a notar que estás un poquito hasta cierto sitio entre las piernas, así que un refrigerio en el puente de los Triperos es obligado. (Tiempo hasta el puente: un güevo).


De las dos carreteras: por la izquierda hasta encontrar un caminito que baja hacia el río del cual no nos separaremos ni por dinero, ¿y que les puedo contar más?, hay que bajar, y bajar, y bajar, ¿y cuando llegamos?, ¿Queda mucho para Canto cochino?, si lo sé no vengo.
¿Es necesario tamaño sufrimiento? Sí amigos, rotundamente sí, -“para lucir hay que sufrir”- le decía mi madre a mi hermana; ser pedricero es como pertenecer a los Rosacruces esos del Código Da Vinci, y eso requiere de una iniciación, un ritual, “yo he bajado de las estrellas para consagrarme en el granito”. (Tiempo hasta llegar a este lamentable estado: un güevazo).


Si no te has suicidado antes, porque a alguien se le ha ocurrido sugerir “Cuerda Larga” para el próximo domingo, llegarás al puente de los Franceses. No, para el parque del Oeste todavía te queda un ratito, no seas tan listo, estás a la salida del Ventisquero, ¡ya has llegado a la Pedra!, ¿no estás contento?, joder, eres un triste, parecería que vienes de Navacerrada. Bien ya solo te queda llegar a Canto cochino, ¿Que dónde está Canto cochino?, buena pregunta; tú sigue la carretera y ya llegarás.
¿Hemos terminado? Bueno según se mire, si haces dedo y te bajan al pueblo, o mejor te llevan a Madrid, si. Si no te coge nadie porque llevas más mierda que el palo de un churrero, y tu macuto es del tamaño del baúl de la Piquer, ni te cuento lo que te queda, pero eso es lo que hay machote, el domingo que viene, vuelves a por otra. (Tiempo hasta Manzanares: ¿de verdad quieres saberlo? Tiene que ver con Gallina blanca)



Ventisquero de la condesa
(Para MCB que hizo esta marcha y ya no se acuerda)

Un problema darwiniano ( 2 de 2 )

La escalada se fracciona en "clásica" y "deportiva", como es lógico, pues ya no es un objetivo prioritario para un escalador preparado, alcanzar la cumbre de por ejemplo el Picu, se trata obviamente de conseguir la, mayor dificultad en el Picu. De esta manera la escalada resultante, es básicamente la "deportiva", quedando la "clásica" como una práctica del pasado para gente mayor.


Existe la polémica de si son dos patas del mismo banco, o son dos especies diferentes. Yo voy a dejar aparcado este tema de momento. He mencionado que la dificultad, no es el único objetivo de la escalada moderna. El comercio ha tomado su propia senda sin su eterno compañero el escalador, para desarrollar su potencial de forma global en la montaña. Este camino emprendido por las compañías multinacionales de actividades al aire libre, esta dirigido a la universalización de los deportes en la montaña, que tradicionalmente tenían un nivel muy bajo de consumo, explotando uno de los pocos recursos vírgenes: la escalada. Dotándola de medios físicos, de seguridad, de equipamientos, y de accesibilidad al grueso de la población, mediante una eficaz campaña de estimulación de consumo, para la práctica del "ecoturismo". Con este fin, se han puesto al día mecanismos de fácil acceso como las conocidas ferratas, construidas inicialmente con fines militares durante la primera guerra en los Alpes, dándoles hoy un uso lúdico y masivo en toda Europa.


El equipamiento de Ferratas se hace en cualquier lugar donde haya montañas, preferentemente en cañones, o lugares de fácil acceso y con desniveles y verticalidades medios o bajos, el acondicionamiento se hace a base de grapas , cables, expansivos de última generación, construcción de puentes suspendidos, todo ello para proporcionar al común de los mortales el acceso a una pared, con nula preparación, y con un elevado grado de seguridad siempre que la escalada sea acometida acompañado de un profesional cualificado. De esta manera, el aumento de practicantes de deportes relacionados con la escalada se ha multiplicado por mil en la última década; las distintas prácticas de "escalada", de momento, ocupan terrenos "anexos" sin molestarse demasiado, pero la gran unificación es desde mi punto de vista inevitable.


Sin profundizar en exceso, la progresión del escalador es debida a dos factores: preparación física, y adaptación técnica del medio. Cada generación supera con creces físicamente a la anterior, y la dotación de avances tecnológicos a la escalada, fundamentalmente en el calzado y sistemas de seguridad, fijos y móviles, permiten dicha progresión. Esta rutina se ha mantenido uniforme a lo largo de los tiempos, ¿hay alguna razón para pensar que no seguirá evolucionando? No. Además, cada avance en la evolución ha llevado implícito, un aumento considerable de las personas con acceso a lugares imposibles unos años antes, lo que implica a su vez, una necesidad de ampliar los escenarios donde realizar la práctica. Es un hecho que se puede comprobar fácilmente: la escalada hoy requiere de "rocódromos" especializados tanto naturales como sintéticos, al aire libre o indoor, por razones dadas fundamentalmente por la necesidad de atraer al público, por la necesidad de proporcionar lugares de entrenamiento sin salir de la ciudad, y por la necesidad de ajustar la dificultad a las exigencias de la competición, porque una de las facetas primordiales de cualquier deporte es la competición, y por supuesto, para cuadrar la cuenta de resultados.


¿Son dos deportes diferentes?, es evidente que sí. En ocasiones comparten cancha, pero ni tienen el mismo espíritu, ni los mismos objetivos, y se podría decir que hasta ni siquiera son técnicamente semejantes, a menos que los llevemos a las grandes paredes, y si no aparece demasiado claro a la vista, es porque todavía hoy muchos de los practicantes de la escalada deportiva, son escaladores clásicos que practican las dos modalidades, pero no podemos obviar que son cada vez más los que ni siquiera practican la escalada fuera de los paneles de resina, y prácticamente cero los que se forman en la escalada clásica.


La necesidad de dotar de escenarios naturales a la deportiva al aire libre, está llevando a una situación extrema a los lugares tradicionales donde se practica la escalada, en países como Italia se pueden observar construcciones de resina atornilladas a la roca, creando un esperpéntico espacio híbrido en zonas dónde la escalada popular está ofertada en paquetes turísticos.La escalada, igual que los paseos ecuestres, el Rafting, el trekking, y los modernos parques de ocio-aventura, forman parte de un entramado comercial, que no tengo ni la menor duda de que afectará profundamente al futuro de ese deporte, y a menos que se tomen cartas en el asunto, igual que años antes fuera elimiada su componente aventurera, pasará a ser un elemento más, por una parte, de un espectáculo turístico descafeinado, y por otra, un deporte de competición "extrema" adaptado para la televisión, y la masiva asistencia de público en pabellones, y que pueda ser retransmitida a los teléfonos móviles. No es menos cierto que una pequeñísima minoría de escaladores, (véase Iker Pou, Alex Huber, Adam Oldra etc.) servirá como excepción a la regla, pero serán raras avis que no pasarán de ser granos de arena en el desierto.


Por último quiero dejar claro, que la elección que cada uno haga acerca de las actividades recreativas debe ser libre y personal, por lo que mi preocupación se centra no en la actividad deportiva en sí, sino en la posible alteración que sufra el lugar donde se practica esa actividad. Desde mi punto de vista, no es de recibo sembrar de escaleras y puentes colgantes los cañones, remachar tablones a los árboles para poner tirolinas, con la idea de convertir los bosques en aldeas del planeta Endor. y por que no, taladrar las paredes y llenarlas de tornillos sin ningún criterio, solo porque a la idiosincrasia de la escalada, se le ha unido el aperturismo de hipermercado, gracias al uso indiscriminado de taladros autónomos por parte de energúmenos, con un ego desmesurado, a los que grandes compañías del bricolaje aprovisionan con gusto.


Es necesario reflexionar acerca del futuro de la montaña, porque el futuro de la escalada está perfectamente definido, y reflexionar acerca de la montaña requiere, a mi modo de ver, una profunda mirada en el interior de la naturaleza humana y hacer un análisis de nuestro comportamiento con respecto a los entornos naturales. En épocas difíciles como la que nos ha tocado vivir, esta reflexión no solo es importante, es imprescindible. Hoy día una subdivisión, casi se podría llamar una escisión, de la escalada deportiva, ha llegado a sitios insospechados, tan extravagantes como los colegios, y no porque los colegios sean extravagantes, sino porque en una sociedad tan ajena al deporte como la española, es extravagante que se practiquen supuestos deportes de riesgo en las escuelas como la escalada, hechos como este, definen a esta "escalada deportiva" como deporte familiar, muy alejado de sus orígenes aventureros . No me parece ni bien ni mal eliminar el riesgo en la escalada, o en lo que yo personalmente empezaría a llamar "escalada pastelera", y que reflejaría más fielmente el nuevo espíritu de esta actividad novedosa, tan lejana a Walter Bonatti, y compañía.

Cuéntame como pasó ( 1 de 2 )

Durante la segunda mitad del siglo XX, más concretamente a mediados de los sesenta, la progresión en la escalada llega a un punto de control. Los grandes problemas físicos, es decir, las dificultades orográficas están resueltas, y las cimas de las montañas más significativas o están superadas o en lista de espera a corto plazo. De esta manera los aventureros, cuelgan el cartel de "cerrado por cese del negocio", y dejan paso a los deportistas, que por otra parte están obligados a resolver el problema de la continuidad.

Los nuevos escaladores ven en el aumento de la dificultad de las ascensiones, una vía de continuidad en las actividades de montaña. Para completar con éxito el problema evolutivo, hay que escalar aquellos itinerarios, que hasta ese momento, a simple vista parecían imposibles. Es un problema de progresión, y los materiales de la época no dan respuesta a ese problema. De esta manera, el uso de rústicos taladradores manuales para introducir tornillería en la pared, que proporciona fijación al escalador dónde no hay presas efectivas, así como una leve mejora en la flexibilidad y adherencia en el calzado de escalada, son un buen comienzo, y a finales de los sesenta estos avances son de uso común en Europa y América .

Es un paso decisivo para que la industria, siempre atenta a los nuevos campos de negocio, comience a colaborar con el deporte, en un principio traspasando los artilugios de fijación industrial a la escalada, como los "golos", los primitivos expansivos con los que arranca la escalada artificial, mejorando ostensiblemente las cuerdas de escalada sintéticas, etc. iniciando así una colaboración que perdura hasta nuestros días. A estos avances debemos añadir la mejora en los transportes e infraestructuras, que convierten las obsoletas aventuras en prácticas domingueras. En España es más significativo, debido a la coincidencia de la nueva práctica de la escalada con el triunfo del desarrollo económico y social.

El uso de expansivos para la progresión, da una oportunidad a los escaladores de asaltar nuevos itinerarios, por lugares por los que nadie se hubiera atrevido a imaginar una vía de escalada. Asimismo, la utilización de estos artilugios también proporcionan seguridad y confianza, y por lo tanto accesibilidad, por lo que el número de practicantes de este deporte se multiplica por diez a principios de los años setenta. En menos de diez años el número de itinerarios en las montañas de nuestro país, crece de un modo extraordinario, multiplicando por cien el número de vías de escalada. A mediados de los setenta, los grandes riscos en todas las cordilleras de Europa y América, están dotados de atrevidos itinerarios cosidos a expansivos, conquistando paredes imposibles como la Nose, en The Capitan, en Yosemite, o los Mallos de Riglos en España.

Otra vez, el ahora ya deporte de la escalada, ha cubierto una etapa y estamos supuestamente en otra barrera cíclica. Las paredes está cribadas de vías repletas de tornillería, y el nivel físico-deportivo de los practicantes, supera con creces a los de la anterior generación. Los escaladores echan un vistazo a su alrededor, para descubrir que en el océano de piedra, sigue habiendo espacio para el avance. La industria en los noventa ya ha desarrollado las cabezas de playa que otorgaron a los freakies de los ochenta, y está perfectamente capacitada para dar otro salto cualitativo en la escalada . Estamos ante lo inevitable, la escalada "más" deportiva.

La búsqueda de mayores dificultades en la agonía del siglo XX, es en principio el mismo objetivo que en los ochenta, la progresión; pero no es el único. La unión entre deporte e industria tiene su precio, y los modernos modos de vida, contemplan los objetivos económicos a la par que los deportivos. Para la elite deportiva, animada por el marketing de las empresas comerciales, el reconocimiento social ya no es suficiente, debe ser acompañado en la medida de lo posible por la compensación económica; no es que no haya habido nunca profesionales en la escalada, pero es en los noventa cuando la, "profesionalización" se generaliza, y es por esta razón, que la escalada debe ser dotada de una componente económico-social, desconocida hasta ese momento. ¿Se ha trivializado la escalada? no, yo creo que no, simplemente ha cogido la salida más próxima, y contempla el futuro desde un punto de vista más profano.


Poesía para el pobre, poesía necesaria...

Me veo en la necesidad de explicar el sentido de mis palabras, de eliminar dudas acerca del concepto de mis pensamientos, porque quiero evitar los malos entendidos o las perversiones derivadas de una inexacta interpretación de los argumentos esgrimidos, con el fin de hacer inteligible, el fondo de todas mis elucubraciones hasta ahora expuestas en cada uno de mis artículos.

No he encontrado mejor manera de hacerlo que acudiendo a la poesía, porque la sencillez de este arte es una herramienta única para llegar al fin que promulgo. Así pues os ofrezco un poema que sin duda hará que a partir de hoy, mis textos serán plenamente accesibles a vuestras mentes.





Andesnou frai
On de colen grei chicago mun
beibi beni charlis gonis in de gueto

Ande jar mama crai
posdfenifi güan sinosido nim
modli di engrin maufi in de gueto

pipol yaun onde taim
de chili jil bijain
ejil grovi on gui youn mandei

tuque loque yuan mi
agüichu blai chu si
degüi simpli tenangüén

Anglurde ondegüei
Güedegüelten

Andegüén jenjil güilitiugüy
reni bus prisis truiti
Guaibrus inde gueto

Andejagai ben
Sosiestare el churruán estruit
Naili chus tu ifilijifán chufúis inde gueto

De cuan nei ende preso
Ondeyó malbrique agüei
Ejesei cale estilicar

Guil turruan estruit
farjismoun mama crai

Andecrau undán derroan estruit yomás feiz
Dandis tutifiín inde gueto

Ande yu mandai
Onde colen grei chicago mun
Modeliti beibi charlis gon inde gueto

Andes mama crai



The Gipsy prince


Tribulaciones de un pedricero en la Pedriza


Me he empeñado en contar una historia. Ojala sirva de algo.


Hace tan solo cincuenta años, la Pedriza mas que un entorno, un paraje, o un mundo aparte, era una caja mágica, un pequeño regalo de vida e ilusión para todos aquellos, con ganas de escapar de de la obligada vida sencilla que suele imponer la escasez, y que no permitía los grandes viajes a lejanos y exóticos lugares. Los madrileños vivíamos en el centro del universo, lo que lejos de ser una ventaja, significaba que cualquier sitio estaba demasiado lejos. Eran tiempos en los que veranear en Fuenlabrada, daba una idea de la excelente posición social que ocupaba el veraneante, la mayoría de los vecinos nos conformábamos con ir una vez por semana al Parque Sindical, la deseada playa de Madrid.

En la historia, hay gente afortunada; están en el sitio justo en el momento oportuno, y por supuesto, son osos dormidos a la espera del rayo de sol que provoca el deshielo. En el caso de la Pedriza, un puñado de aventureros urbanos , hartos supongo de la cotidiana rutina del barrio, y de remontar a nado las aguas del Manzanares a la altura del Pardo, descubrió que a cuarenta kilómetros de Madrid estaban nuestras particulares fuentes del Nilo en forma de Canchal Berroqueño, y se atrevieron a coger el coche de línea para acercarse a sus puertas, y asomarse a sus entresijos. Una vez dentro, el mundo se abría a sus ansias, a su locura y atrevimiento.
Se colaron en sus entrañas de tapadillo, mirando hacia atrás, con recelo, por si acaso tuviera que autorizarlo el Frente de Juventudes, o el párroco, o el maestro, como era habitual entonces. Nadie los detuvo y entraron, arremetiendo, como toros bravos , para escalar hasta la última de sus piedras. Varios de estos intrépidos aventureros, han pasado a formar parte de la leyenda de estos lugares, incluso algunos son legendarios mas allá de las fronteras.de estos barrios. El resto ayudó a conformar una historia de grandeza que aún perdura.

Los tiempos han cambiado, ¿para mejor?, ¿a peor?; no lo sabemos, el futuro nos lo dirá. Lo que si es cierto, es que el espíritu con el que se presentaron aquellos lejanos colegas, ha desaparecido con ellos, e ir a la Pedriza no significa más, que tomarse unas cervezas en la Casa de Campo, y la manera a la que hoy nos presentamos en sus puertas es mas trivial, con menos expectativas, y hasta quizás con cierto desprecio; desde que le quitaron la tapa a la caja, la magia se ha ido desvaneciendo. A veces pienso que aquellos legendarios montañeros, ávidos de grandeza y libertad, se comieron el pastel dejándonos las migajas, y lo único que podemos hacer es imitar con desgana aquellas hazañas.

Cuando bajo del collado de la desilla, y veo el Tolmo abajo al final del camino, no puedo resistir la tentación de volver la cabeza hacia las Buitreras, y me detengo, entonces por momentos, oigo aquellos inolvidables cánticos de los estribos con peldaños de aluminio tintineando, el ruido de las mazas golpeando las cabezas de las clavijas universales, y las voces del primero instando a su compañero a que le de cuerda. Volvías a casa con las nubes dentro de tu cabeza, repletas de preguntas absurdas: - ¿Seré el primero en pasar al lado de la Vikinga sin poner un solo buril?, ¿Se podrá escalar el Escudo del Pájaro en libre?. Al llegar a la pradera del Tolmo, ya no hay sacos de dormir bajo el techo, pongo cara de sorprendido y me digo: - Eres un nostálgico - , síntoma inequívoco de que la vejez está colonizando mi alma a pasos agigantados. Sí cuando había sacos de dormir aquí, hubiese venido algún montañero anciano, al bullicio de la gente acostada, seguro que hubiera echado de menos el silencio y la profunda soledad de la Pedriza en su juventud.

Voy bajando solo, creo que muy pocas veces antes había bajado con la soledad por compañero, y la sensación que me queda bajando a Cantocochino, al observar los nuevos colonizadores de la Pedriza es extraña, ¿es ahora un paraje domesticado, carente de encanto, de misterio?, o quizás nunca fuera legendario. Tal vez sea el final de una historia, porque todas las historias tienen final. Hoy no queda nada por conquistar, no quedan auténticos retos que afrontar, y no es necesario poner la vida en prenda por cada piedra que sojuzgar. Tengo la impresión de que todo es ficticio, virtual, sin sustancia, Pero tal vez me equivoque y es posible que sea todo cómo antes, que soy yo quien ha perdido la ilusión, y sienta que me están arrebatando la memoria, y para ser sincero me gustaría que así fuera, porque significaría que la Pedriza no me pertenece, que es realmente deslumbrante, la auténtica triunfadora en el juego de la existencia, que el ser humano es un simple pasajero en el viaje del tiempo, y que no hemos conquistado nada, simplemente nos ha sido permitido compartir un momento de su vida.

Hoy afortunadamente no tengo que detenerme en Cantocochino, el bullicio del aparcamiento me revuelve el sentido, y agradezco el hecho de no tener que cruzar el puente; sigo con el Manzanares hacia el Tranco. En mi pesado caminar, de repente en la esquina de la Camorza hay una gran algarabía, no puedo creerlo, no puede ser verdad lo que estoy viendo, es una mala pasada que me juegan los sentidos, me froto los ojos , puedo verlos a todos, son ellos, mis héroes, mis amigos de entonces, vivos y muertos, me hacen señas exageradas con los brazos llamándome, y se ríen a mandíbula batiente:

- Eres un pringao chaval, ja ja ja, y un llorica, ¿acaso crees que ya no somos legendarios?, si así lo crees es que no tienes ni la menor idea, no te has enterado de nada. Entérate de una vez pasmao, te dirán que eres una antigualla, que no estas al día, que te vayas al asilo, pero que sepas, que la memoria es una huella indeleble, el pasado se puede remover y ocultar, pero no se puede cambiar ni borrar, pueden hacer lo que les de la gana, pueden triturar la Pedriza si les viene bien, porque siempre habrá una historia esperando a ser contada, y dispuesta a levantarse sobre sus ruinas.



Siempre acaba pasando algo - Desenlace

Una vez acomodado el polaco y recuperado el resuello, el Piri le atiza unos cachetes con el fin de reanimarlo; al tercer cachete, parece que le iba cogiendo el gusto, el herido abre repentinamente los ojos de par en par, quedándole una expresión de pirao, como si hubiera visto a la Virgen, con el consiguiente susto de los rescatadores, que se apartan del menda de un latigazo; con las mismas vuelve a cerrarlos, y todo se queda cómo estaba, para tranquilidad de los escaladores.

- Menos mal que lleva un AGV porque si no, se deja los sesos en la Mayayo - apunta el Piri mientras examina el casco, creo que no para encontrar daños, sino porque le gustaría tener uno igual y no la porquería de Boeri de chapa que usa habitualmente.
- Bueno y ahora, ¿cómo coño lo bajamos?, porque descolgarlo por un desplome, es una cosa, pero si lo arrastramos por la placa le podemos dejar la cara como a un nazareno. - Apunta no sin cierta razón Pancho Villa.
- Lo que hay que hacer es ponérselo delante del que vaya a rapelar, le pasamos la cuerda por delante y quien sea que rapele con él en "Comicci".- Grita desde abajo con mucho estilo el falangista del bigote; (yo es que le miro, y le veo izando bandera en el Hernán Cortés con los de la O.J.E. en Cercedilla).
- En Comichi..., en Comichi..., a ti si que voy a dar yo con el comichi - le grita en Piri desde arriba.
- Mira como tengo el comichi, jo,jo,jo, ja,ja - se despelota el irlandés mientras se lleva las manos a la entrepierna, dirigiéndose al bigotillos.

En ese punto, el equipo de rescate empieza a partirse el pecho, mientras se empujan unos a otros. Está claro que una vez comprobado que no hay cadáver, la peña ha soltado la abrazadera y se empiezan a aflojar tensiones. Por otra parte hay que perdonar al Piri, trabaja de ebanista en un taller familiar, y no le queda mucho tiempo para las enciclopedias, ha rapelado docenas de veces en "Comicci" pero no lo sabe, ni falta que le hace. De cualquier modo, no está el horno para despelotes, y al Piri, que le sobran recursos, monta con dos charlis, de esos doraditos con seguro, que da gusto verlos, y un pico de pato una especie de polipasto de fortuna para bajar lentamente al nota, mientras el oso peludo rapela por debajo, con el ocho, impidiendo que se arrastre por la placa.

- ¡Bravo!, ¡bien hecho! - gritan los de abajo mientras se preparan para recibir al catalán.
- Pilla por la orilla. - dice el tal Manolo, a la vez que un marasmo de brazos, se abalanza sobre el herido.
- ¡Ya lo tenemos!, tumbarlo ahí mismo - se oyen voces entremezcladas.
- Vamos a llevarlo hasta el collado. - ordena el falangista.
- ¿Con el comichi? - pregunta una voz anónima con sorna, y el despiporre general.

Es evidente que nuestro amigo el bigotillos se está empezando a cabrear, pero como dice un amiguete, tiene dos trabajos... Bueno, lo peor a pasado, ya solo queda que los dos rescatadores de altura desmonten el tinglao, y llevar a los dos accidentados al collado, que por cierto ya podían haber escogido otro risco para piñarse, porque la bajada al collado es un mogollón, no es larga pero es una mierda, haber como pasamos al prenda por el agujero del final.

- Manolo - grita el Javi.
- ¿Qué? - responde Manolo
- Tócame el bolo, ja ja ja - le espeta el Javi con una carcajada ruidosa.
- Como te endilgue una hostia vas a jugar a las canicas con la dentadura pedazo de gilipollas.
- venga macho no te enfades tío, es que me lo pones a güevo.

Con tiento y alegría, vamos bajando al prenda hacia el collado, aunque mas bien lo vamos arrastrando, por lo que si no ha palmao en la Mayayo, aquí tiene otra oportunidad. No sin dificultades, llega todo el plantel a la cálida hierba del collado de la Desilla, y se puede recostar al guaje en una posición cómoda y aceptable. Se vuelve a revisar el estado del catalán, y no hay novedades sigue respirando, y sigue en plan Bella durmiente; a su colega parece que se le va pasando el susto, y empieza a recuperar la normalidad, a la vez que empieza a largar el relato de lo sucedido. En el campo, el personal sigue nervioso porque empieza el bajonazo, una vez pasada la euforia del rescate, y el personal de intendencia no aparece con la camilla.

Yo estoy sentado junto al pedrusco ese que se parece al Tolmo pero en pequeño, a la entrada del camino de Navajuelos, intentando recapacitar acerca de lo sucedido. Ha pasado una eternidad desde que me bajara del Pájaro, tanto, que casi se me ha olvidado que he subido al Pájaro, nunca antes había participado en un rescate y he llegado a la conclusión, de que no me hace ninguna gracia esto de los rescates, menos mal que hoy no ha pasado nada, todavía.

Ya se puede ver una hilera de hombres subiendo hacia el collado, viene la cruz roja, la Guardia Civil, y lo que parecen ser voluntarios reunidos en el refugio Giner, en un abrir y cerrar de ojos, todo el operativo se pone en marcha, los de la cruz roja consiguen reanimar al dormido y comprueban que no hay grandes daños en apariencia. Entonces, y sin mas demora, comienzan el traslado a las tierras bajas de los heridos.

- ¿Sabes?, el menda ese, el de los botes de pintura, el droguero
- ¿El que ha ha acertado los catorce?
- Sí, ese mismo. He llegado después de pensarlo mucho, a la conclusión de que, puedes ganar veinte millones o incluso más, sin hacer quinielas o jugar a la lotería.
- Pues ya me dirás como
- Pregúntaselo al guiri que va en camilla.


El Piri y yo, nos hemos quedado de pie en el collado viendo alejarse a la comitiva , en silencio, pensativos, no queremos saber mas del asunto, ni para bien ni para mal. Somos conscientes de lo que hacemos cada domingo, o tal vez no.
Es más que probable que no lleguemos a coger el autobús de las ocho, el sol llega con dificultad al espolón de Peña Sirio, y vamos bajando a cámara lenta hacia el Tolmo, sin embargo, a pesar de todo, ha sido un día grande. Hemos hecho la Este, y hoy no ha muerto nadie.

Siempre acaba pasando algo - segundo acto

Al llegar al risco,un buen rato después, porque la subidita al trote me dejó hecho polvo, reconozco que nunca ha sido mi fuerte lo de correr por los montes, allí estaba el cuadro: un menda colgando de dos cuerdas en el techo de la Mayayo, otro abrochado a la pared en la reunión, sin posibilidad de moverse debido a la tensión de la cuerda, y un tercero mirando en la base de la cara sur.


- ¿Que ha pasao? – le pregunta un rubiales de aspecto irlandés al mirón
- Pues que el guiri se la ha dao en la salida del techo, y ha hecho cremallera, lo justo para estamparse contra la pared. Yo creo que esta frito.
- ¿Son amiguetes tuyos? – pregunta el Piri
- Bueno, el de abajo sí, el otro es un catalán amigo de mi amigo, pero es la primera vez que le veo, es que yo escalo poco, hoy solo vengo a mirar.
- Si es catalán no es guiri – deduce un pringaillo después de pensárselo un rato
- Tu a callar tontolaba, que no te ha dao nadie vela en este entierro. Lo que tienes que hacer es bajar al refugio a ver si hay una camilla, y avisar a la cruz roja. – le espeta otro pavo con un fino bigotillo, que le da un magnífico aspecto de subsecretario del Ministerio de Gobernación.

La peña está cómo esperando a ver quien toma el mando, cosa que hace un bigardo con más pelo que la cama de un oso y patillas de yunque, que así visto, parece sacado de la portada de un disco de los chunguitos, y con treinta años aproximadamente.

- Vamos por la normal y rapelamos por debajo de la cumbre hasta la reunión de la Mayayo, pillamos al segundo, le liberamos de la cuerda y descolgamos al guiri.

Contundente. Nadie rechista, la idea parece simple, subir y bajar. Este ciertamente parece tener dotes de mando. La gente pone manos a la obra, sacan unas cuerdas y tres mendas, Piri incluido, ponen rumbo a la cara norte para subir por la normal.

- ¿Estás bien? – me lanzo al ruedo dándome importancia, para preguntar al nota que está atrapado en reunión
- Si. – responde escuetamente entre sollozos y berridos.
- Está conmocionado – dice el bigotillos con cierta autoridad en la materia
- ¿Está cómo?, ¿Y eso que coño es? – pregunta un tal Javi
- Pues conmocionao, que coño va a ser, pues eso conmocionao. – le contesta uno de sus colegas en plan regañina.

Lugar de los hechos

Al cabo de un rato, ya se oyen voces en lo alto de la Mataelvicial.

- ¡Vamos a montar el rápel! – chillan desde arriba - ¿Se ha movido el colgao?
- No, ni un centímetro – le responde alguien.

Ya podemos ver al chunguito rapelando hasta el final del diedro donde se hace la reunión, con una destreza envidiable en tres saltos se planta en la repisa donde está pillao el nota.

- Houston, tenemos un problema. Este menda se ha encordado con un doble as de guía, el cual se ha apretao, y no hay Dios que deshaga el nudo, hay que cortar la cuerda pero tal y cómo está el del techo, me da miedo que al cortar la cuerda no podamos sujetar al colgao, y se desplome cómo un cohete hasta el suelo. Además no tengo navaja, ¿alguien tiene navaja? – grita con cierto nervio. Los siete que estamos a la expectativa, nos auto cacheamos en busca de la afilada herramienta., nadie parece encontrar el estilete, lo que provoca cierta tensión arriba y abajo. Por fin una luz al final del túnel, un tal Manolo encuentra un cuchillo de cocina en el tape de su macuto.
- ¡lanza una cuerda y te subo el cuchillo!

Subida la herramienta, la idea consiste en una maniobra técnica de gran calado. Entre el Piri y Curro Jiménez, Tiran de las dos cuerdas que unen a los dos intrépidos, para levantar lo más posible al del techo y hacer una gaza con un mosqueta a uno de los anclajes de la reunión, que impida que la cuerda corra mientras y una vez destensadas, cortar la cuerda a la altura del budriel del llorón y empalmar otra cuerda para descolgarle, y para que esto funcione hay que poner los estribos e ir quitando todos los mosquetones hasta dónde cuelga.

La cosa no va a ser fácil; al parecer, y por los gruñidos e improperios que emiten mis compis, entre que el colgao pesa un quintal, el poco sitio que hay, y el otro accidentado que no para de dar por culo, la maniobra se torna complicada. Bueno, parece que por fin el Piri ha conseguido su objetivo, ha fijado el mosquetón y un par de metros de cuerda caen flácidos al pecho del nervios. Ahora ya pueden cortar la cuerda, menuda pena porque parece bastante nuevecita así vista desde abajo.

Lo de cortar la cuerda es otra, el cuchillo tiene menos filo que el respaldo de un sofá, y en pleno esfuerzo Curro pierde el control, además de la paciencia, y empieza a darle puñetazos al nudo, y por consiguiente al hecho polvo, a la vez que recita una retahíla de tacos de premio Nobel de literatura. Allí arriba, en precario, la cosa pinta fea, y los de abajo empezamos a pensar que esto va a terminar cómo el Rosario de la Aurora, así que los hay que empiezan a rezar para que aparezca la benemérita.

Pasado un rato la cuerda por fin cede y el socio queda liberado, así que le colocan la cuerda del rápel en el ocho y nos lo mandan para abajo a los de la cuadrilla. El tío rapela cómo puede hasta que le recogemos casi desvanecido. Arriba, el Piri y el bandolero, se disponen a rematar la faena, hay que volver a izar al sujeto para liberar la gaza del mosquetón y el Piri se lía a quitar las drizas para que pase el nudo. Dicho y hecho, el Piri destrepa y puede comenzar el descuelgue, el peludo tira mientras el Piri calza la cuerda en el ocho y lo coloca en el Cassin. ¡Listo!, ya podemos bajarlo. Comenzamos la operación despacio, todo el mundo tiene el cuello dislocado aquí abajo, yo creo que ya he tenido demasiadas emociones por hoy, y empiezo a estar un poquito harto, pero hay que aguantar.

Por fin el catalán está sobre la reunión, el Piri le coge la cara con una mano y le acerca la oreja al pecho: ¡el corazón late! ESTÁ VIVO.